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Se celebra
19
junio

Santoral católico

Santa Juliana Falconeri

Santo/aSiglo IItalia
Nacimiento
Florencia
Muerte · 19
Florencia
Época
Siglo I

Biografía

Santa Juliana Falconeri, nacida en Florencia durante el siglo trece, fue una virgen dedicada a la vida religiosa desde su infancia. Fundadora de las Hermanas Mantelatas, una rama terciaria de la Orden de los Siervos de María, dejó un legado de profunda devoción mariana. Celebrada el diecinueve de junio, su vida ejemplar inspira a quienes buscan nombres llenos de significado espiritual y virtud.

Texto oficial del santoral

Santa Juliana de Falconieri es la fundadora de las religiosas terciarias servitas, organizadas en 1306 en Florencia y designadas comúnmente en Italia con el nombre de Mantellate, o de la mantilla. Deben, pues, distinguirse bien, por un lado, de los servitas, o siervos de María, insigne Orden mendicante que debe su origen a los célebres siete santos fundadores florentinos, y, por otro, de las religiosas servitas, fundadas por San Felipe Benicio , de carácter puramente contemplativo. Sin embargo, Santa Juliana está, en cierto modo, emparentada con ambas Ordenes, pues, por una parte, pertenece a la familia de los Falconieri, de la que procedía su tío, San Alejo Falconieri , uno de los siete fundadores de los servitas, y, por otra, se inició en la vida religiosa con las religiosas servitas y bajo la dirección de su fundador, San Felipe Benicio. Nacida del hermano de San Alejo Falconieri, llamado Carisino, recibió en Florencia una educación profundamente cristiana. Su padre, que había reunido con su comercio grandes riquezas, levantó a sus expensas la magnífica iglesia de Nuestra Señora de la Anunciata, y no mucho después murió. Juliana, por su parte, según refieren sus antiguos biógrafos, dio desde sus primeros años las más expresivas muestras de eximia piedad y, sobre todo, de su predilección por la Santísima Virgen y por la virginidad cristiana. Por esto se refiere que San Alejo, su tío, llegó a decir a la madre de Juliana que había traído al mundo, no una niña, sino un ángel. Efectivamente, cuando contaba sólo catorce años, en 1284, renunciando al ventajoso matrimonio que se le ofrecía y ansiando consagrar a Dios su virginidad, recibió de San Felipe Benicio el hábito de terciaria de las religiosas servitas por él fundadas, y hasta la muerte de su madre vivió en su propia casa conforme a las normas recibidas del Santo. Su ejemplo fue imitado por algunas damas de la buena sociedad florentina, y aun su propia madre se puso bajo su dirección en la vida de piedad. Un año más tarde recibía San Benito Benicio su profesión religiosa, y al morir poco después confió a Juliana la Orden por él fundada y la alentó de un modo especial en la Congregación de terciarias servitas iniciada por ella, que bien pronto, a causa de la mantilla que todas ellas llevaban, fueron vulgarmente designadas con el epíteto de Mantellate. Después de la muerte de su madre su vida de consagración a Dios fue tomando una forma más rigurosa y definitiva. Se impuso ayuno riguroso los miércoles y viernes, no tomando en estos días más que un poco de pan y agua. El sábado lo empleaba entregándose por completo a la contemplación de los dolores de la Virgen, y el viernes lo dedicaba por entero a la meditación de la Pasión, en cuyo obsequio tomaba una sangrienta disciplina. De este modo fue creciendo rápidamente la fama de sus virtudes y de la sublimidad de la vida que llevaba, por lo cual fue aumentando el número de las mujeres que se le iban juntando. Todas ellas llevaban, como ella, en sus propias casas una vida de piedad y de la más absoluta consagración a Dios, sobre todo por medio de su virginidad. Entre las que ya entonces se le juntaron en este genero de vida merecen especial mención una de sus primas, llamada Juana, que se distinguió por su eximia virtud, y una hermana del mismo San Felipe Benicio. Sin embargo, todo este significaba únicamente una vida de consagración al Señor puramente individual o privada. Ella y sus compañeras deseaban algo más, es decir, convertirse en Congregación religiosa canónicamente reconocida por la Iglesia. Así, pues, cuando ya estaban todas ellas, habituadas a aquella vida de consagración y penitencia, el año 1306 se establecieron en vida común en una casa preparada para ello en Florencia. Por esto se considera esta fecha como la de la fundación de la Congregación. Ya los papas Honorio IV (1285-1287), Nicolás IV (1288-1292), Bonifacio VIII (1294-1303) y Benedicto XI (1303-1304) habían aprobado su primer género de vida; pero la aprobación definitiva de la Congregación propiamente tal de las servitas terciarias de Santa Juliana de Falconieri se la concedió el papa Martín V (1417-1431) por medio de la bula Sedis Apostolicae providentia. La vida de la nueva Congregación, conforme al contenido de la misma bula, se distinguía por un conjunto de prescripciones de una alta perfección y por su austeridad en los ayunos y en otras penitencias. Sin embargo, estas constituciones de las servitas terciarias ya no tienen valor en nuestros días. Las diversas ramas de dicho Instituto tienen actualmente reglas particulares, canónicamente establecidas y acomodadas a los tiempos presentes. Una vez, pues, organizada y canónicamente establecida la Congregación, Juliana se vio forzada, bien contra su inclinación natural, a admitir el cargo de superiora general, que mantuvo durante treinta y cinco años, hasta su muerte. Bien persuadida de que, precisamente por ser la organizadora y por estar al frente de la Congregación, tenía más obligació

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