Santoral católico
Santa Genoveva Torres Morales
Biografía
Genoveva Torres Morales nació en Almenara, Castellón, en 1870. Desde joven enfrentó grandes dificultades y soportó una enfermedad que le causó profundo sufrimiento. Con fe inquebrantable, fundó el Instituto de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Ángeles para acompañar y servir a las mujeres. Se celebra el cinco de enero. Su vida inspira por su entrega y amor al servicio.
Texto oficial del santoral
Genoveva Torres Morales nace el 3 de enero de 1870 en Almenara, pueblo de la provincia de Castellón (España). Sus padres, José y Vicenta, eran personas sencillas y cristianas, que han visto bendecido su matrimonio con seis hijos. Genoveva es la benjamina. Fue bautizada el 4 de enero y, a los diez años, mezclada con las gentes del pueblo, recibe la primera comunión. Influirá decisivamente en su futuro, la muerte de sus padres, quedando huérfana a los ocho años, con su hermano José, por el fallecimiento de los otros cuatro. Comenzaba una nueva etapa para Genoveva. Hasta entonces acudía a la escuela, donde recibió una instrucción elemental como manifiestan sus escritos. Destacó especialmente en las labores de bordado. Convertida después en ama de casa hubo de dejar la escuela. Lo que ciertamente no abandonó nunca fue la catequesis parroquial. En aquella soledad, la lectura de algunos libros piadosos de su madre, la asistencia dominical a la catequesis y sus infantiles reflexiones le llevaron a sentir una fascinación por Dios y por hacer su voluntad. Amputación de su pierna izquierda El cúmulo de trabajos y de privaciones fue minando su salud. Cayó enferma. No se dió importancia a su gravedad hasta que hizo aparicón un tumor, que el médico diagnosticó de maligno. El dolor era tan irresistible que en ocasiones perdía el conocimiento. Pasan ocho meses que para la niña fueron un calvario. Lo resiste con valentía sirviéndole de consuelo los dolores que padeció Jesús en la Cruz. La pierna se cubrió de llagas y se habló de amputar. El hermano y familiares aceptaron la operación ya que era la única manera de localizar la gangrena. La operación se llevó a cabo y gracias a la intervención se salvó la vida de Genoveva. Fueron muchos los momentos en que el dolor llegó a cimas elevadísimas. Pero poco a poco fueron aliviándose sus dolores. Siempre, hasta su muerte a los 86 años de edad, se verá acompañada de sus inseparables muletas. Aquella niña decidida y bulliciosa de los primeros años, ya no correteaba como las demás niñas de su edad. Transcurre el tiempo y su hermano queda viudo y Genoveva, a pesar de sus dolencias, se hace cargo plenamente del hogar, seguía haciendo los oficios, limpiando el piso y lavando la ropa, todo lo quería tener bien limpio y esto hacía feliz a su hermano. Le ocurrió una vez un caso curioso. "Como era costumbre en el pueblo cuando se acercaban las fiestas, las mujeres solían blanquear las fachadas y el interior de la vivienda. Ella no podía hacer menos. Sin pedir ayuda a nadie, fue y se compró cal para enjalbegar las paredes. Como puede se sube a una silla y empieza a blanquear el techo. Oye que llaman a la puerta. ¡Entre! le dice al visitante, sin bajarse de donde estaba. Cual no sería su sorpresa al ver que entra un sacerdote, amigo de la familia, que venía a verla. Se queda éste espantado al darse cuenta del peligro que corría la muchacha si por acaso se cayera de la silla. ¿Cómo haces eso? le dice. Porque quiero tener la cocina limpia, le contesta ella; y lo hago también porque el jornal de una persona me llevaría seis reales o dos pesetas. Se compadeció el sacerdote y se las dio, pero no sin antes advertirle: bájate en seguida y haz que otra persona termine el trabajo. Se bajó Genoveva y cuando se despidieron, viendo que ya tenía el trabajo medio hecho, lo terminó por su cuenta. Cogió el dinero y se lo dio a unos pobres que sabía lo necesitaban". Acababa apenas de cumplir los quince años y ya aparentaba ser una mujer seria y responsable. Fuera de su casa y de la atención a su hermano, nada contaba para ella. Si estaba sola se dedicaba a rezar y a leer libros espirituales que habían quedado de su madre. Fue en 1885 cuando tuvo una caída fulminante; el cuerpo se le llenó de llagas y no podía, sino a base de fuertes dolores, hacer el más mínimo movimiento. Tuvo que guardar otra vez cama. Su hermano se había vuelto a casar y a la nueva esposa no le gustaba tenerla en casa y menos cuidar de una invalida. En el asilo "Casa de misericordia" Por circunstancias familiares fue internada en el orfanato "Casa de Misericordia" de Valencia, regentada por las Carmelitas de la Caridad. Esta etapa en la Casas de la Misericordia iba a suponer un importante progreso en su vida espiritual. Llegaba allí con un importante bagaje interior, aunque poco ilustrado. Sentía una especial devoción a la Eucaristía, al Sagrado Corazón, a la Virgen María y los Santos Ángeles. El sufrimiento marcó con fuerza los primeros quince años de la vida de Genoveva. Las personas que siguieron de cerca el mal de su pierna testimoniaron como aquella niña, en medio de sus dolores se acordaba de Jesús Crucificado y todo lo ofrecía por la salvación de los pecadores. Había calado hondo en el misterio del dolor y del sufrimiento humano. Buscando la voluntad de Dios Después de nueve años de estancia en la Casa de Misericordia, que supuso un entrenamiento y experiencia de vida espiritual, ayudada por su director Don Carlos Ferrís, más tarde
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