Santoral católico
Santa Carmen Sallés
Biografía
Carmen Sallés, religiosa española nacida en Vic en 1848, dedicó su vida a la educación y la promoción de la igualdad. Fundadora de las Hermanas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, transformó la vida de niños y jóvenes con su pasión por la enseñanza. Su legado de justicia, amor filial a María y compromiso con la formación integral continúa inspirando. Se celebra el 25 de julio, recordando su entrega generosa por la fe y la educación.
Texto oficial del santoral
Carmen Sallés y Barangueras nace el 9 de abril de 1848, en Vic, España. Sus padres se llamaban José Sallés y Vall y Francisca Barangueras y de Planell. Le dieron una sólida formación cristiana, cuya nota característica fue un amor filial a la Virgen María. Por línea paterna heredó el sentido de la honradez y la responsabilidad en el trabajo, el amor a la justicia, junto a una honda sensibilidad amasada de ternura, cariño y cercanía. Por línea materna heredó un fuerte sentido religioso para ver a Dios en la vida, que cuida de sus criaturas con amor providente. De ella aprendió a buscar siempre la voluntad de Dios, a trascender la vida y a la vez a ser artífice de paz y reconciliación entre los hermanos. Era la segunda de diez hermanos. Sus primeros años de vida fueron de mucho sacrificio, vida de austeridad y renuncia. Eran tiempos difíciles de revueltas sociales, donde el hambre y los apuros económicos iban a la par. En su familia numerosa vio cómo sus padres se sacrificaban para dar una educación y una cultura a sus hijos. En plena revolución industrial, su padre hubo de buscar un medio de vida, y condujo la familia a Manresa. Sus padres la llevaron al Colegio de la Compañía de María y allí aprendió oraciones que se quedaron grabadas en su mente y tradiciones que marcaron su vida posterior. Cuando tenía 6 años se promulgó el Dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de Diciembre de 1854. Carmeta vivió intensamente este acontecimiento, con toda la población. Un año mariano clave en su vida fue el de 1858. El 11 de Febrero se aparece la Virgen en Lourdes a Bernardette y trae la confirmación en sus labios del dogma definido. Este año tuvo lugar la peregrinación familiar a Montserrat y fue también el de su Primera Comunión, momento en el que dijo a Jesús que sería toda para Él. Apuntaba ya la vocación religiosa y en Montserrat dejó a los pies de María esa determinación. Así, ya desde aquellos momentos, su vida quedó consagrada al Señor a través de María. En una época en que la mujer pasaba de la tutela paterna a la del marido, fue prometida en matrimonio a un joven manresano, lo que supuso para ella la necesidad de luchar para seguir el camino que se había trazado. Logró romper el compromiso e ingresó en el noviciado de las Adoratrices, que se dedicaban a la recuperación de mujeres marginales, por la delincuencia o la prostitución. Su inquietud y su capacidad de razonamiento la llevaron a preguntarse cómo habrían sido aquellas mujeres si la sociedad les hubiese dado otras oportunidades. Decidió entonces dedicar la vida a la formación de la mujer, para que pudiera ocupar en la sociedad el lugar que le correspondía, en cualquier clase social en que se encontrase. Pasó para ello a una Congregación de Religiosas, dedicadas a la enseñanza y educación de la mujer: las Dominicas de la Anunciata, fundadas por el P. Coll, quien la recibió en el Noviciado. Durante 22 años se dedicó a la educación en diversos lugares, dirigió una escuelita para que los hijos de mujeres trabajadoras no estuvieran en la calle; en Barcelona dirigió un colegio dedicado a la clase media, y se las ingenió para abrir en él enseñanzas nocturnas para 300 obreras, ayudada por las alumnas del turno diurno. Se esforzaba por aumentar la cultura femenina y educar a las jóvenes en una piedad honda, bien fundamentada, sin sensiblerías, que se anticipara a la mentalidad más común en su tiempo, de manera que todos pudieran comprender que la mujer debía ir más allá de las primeras letras y las "labores de su sexo". Entre otros problemas internos se la acusó de querer llenar de vanidad la cabeza de la mujer. El año 1889 Carmen inicia un profundo proceso de búsqueda. Oraba, consultaba y se ponía a la escucha de la voz del Espíritu Santo que la hablaba al corazón y también por las circunstancias que vivía. Los problemas fuertes acontecen a finales de 1891 y primeros meses de 1892. La verdad es que ella nunca quiso salir definitivamente de la Congregación Dominicana, sino desplegar una rama de este mismo árbol. Quiso quedarse en la casa, para seguir impartiendo la enseñanza en ella. Pero se lo negaron, y se vio forzada a iniciar un camino nuevo. Acompañada de tres compañeras -Candelaria Boleda, Remedios Pujol, Emilia Horta- inició una Congregación nueva en la Iglesia, llamada en un primer momento: Concepcionistas de Santo Domingo, hoy: Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza. En una búsqueda perseverante pero tranquila, porque confía en el Señor más que en sí misma, Carmen hace un viaje a Madrid. Allí la espera la Providencia Divina. La palabra firme y serena de Don Celestino Pazos, perteneciente al Cabildo de Zamora, le ayuda a buscar la voluntad de Dios. Carmen entrega su proyecto a la Virgen del Buen Consejo, situada en la capilla de la Colegiata de S. Isidro. Después de orar, dice a sus compañeras: "Es voluntad de Dios. Vamos a Burgos. Allí trabajaremos y lucharemos con todo lo que se presente. Y Dios proveerá". El 15 de octubre de 1892, festividad de Sant
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