Santoral católico
San Jaime Hilario Barbal
Biografía
San Jaime Hilario Barbal, nacido en 1898, fue un religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas dedicado a la educación con profunda fe. Criado en una familia profundamente cristiana en los Pirineos, sintió vocación religiosa desde joven. Aunque la sordera le impidió ser sacerdote, continuó su labor apostólica. Fue martirizado en Tarragona durante la persecución religiosa por su lealtad a la Iglesia. Se celebra el dieciocho de enero. Su vida testimonia entrega y valor.
Texto oficial del santoral
Manuel Barbal y Cosán nació en Enviny, provincia de Lérida y diócesis de La Seo de Urgel, el 2 de enero de 1898. La familia era profundamente cristiana, en la que cada día se rezaba el rosario y el ángelus, se mostraba profunda caridad hacia los pobres y se santificaba el domingo como el día del Señor. Manuel diría más tarde: «Mi padre es un cristiano ejemplar y con mucho sentido común; es optimista y lleno de confianza. Mi madre es una santa. Siempre ha repartido amor. Hay almas que el Señor coloca junto a nosotros para señalarnos el camino del cielo: es una de ellas». Los primeros años de Manuel Barbal Cosán transcurrieron en medio de las incomodidades y de las alegrías de un pueblo de montaña. Los trabajos del campo, la hermosa vista de los Pirineos y sus abruptos picachos... todo contribuyó a la formación de su carácter trabajador y serio, sensible y lírico. HACIA LA CONSAGRACIÓN RELIGIOSA En enero de 1908 ingresó como alumno en el internado de los Lazaristas en Rialb. En mayo de 1909 hizo la Primera Comunión. El Señor fue haciendo germinar en su alma el deseo de consagrarse a El, y soñaba con el sacerdocio. En su casa se sentían contentos, porque un consagrado era una bendición de Dios para la familia. En octubre de 1910 entró en el seminario de La Seo de Urgel, y en los estudios obtuvo resultados excelentes. Pero por desgracia se manifestó una progresiva sordera que constituía un serio obstáculo para el ministerio sacerdotal. Tuvo que regresar a su casa, pero la llamada de Dios no se había apagado. En cierta ocasión encontró a un Hermano de las Escuelas Cristianas, que le habló del Instituto. «Eso me gusta», dijo, y solicitó hacerse Hermano. EN EL NOVICIADO DE IRÚN Irún está situada cerca de la frontera francesa, en el golfo de Vizcaya. Allí estaba en aquella época el Noviciado de los Hermanos, y muchos de los moradores de la casa provenían de Francia. La lengua habitual en que se hablaba era el francés, por lo tanto, antes de ir al noviciado, Manuel fue enviado a Mollerusa para que estudiara la lengua del Fundador de los Hermanos. En esta casa su entusiasmo se acrecentó: «Los Hermanos me han hecho un buen regalo: su bondad», escribía a su casa. El Noviciado de Irún estaba dirigido por el Hno. Junien-Victor, eminente formador y futuro Superior General. Después de un mes de preparación como postulante, Manuel Barbal recibió el Hábito religioso y un nuevo nombre, como era habitual entonces: se llamaría Hermano Jaime Hilario. El nuevo novicio era alto y más bien delgado, con cabello castaño. Inteligencia clara, temperamento tranquilo y sencillo; siempre de buen humor y tenaz en el trabajo y en el estudio. Para sus 19 años manifestaba madurez poco común. Su retrato interior se puede cifrar en esta frase suya: «Cada día Dios es para mí más padre, guía, sostén, luz, fuerza y gozo». Sentía que debía ser para los demás animador y testigo de la alegría: «La mejor obra de misericordia en una comunidad consiste en animar, entusiasmar y sembrar el buen humor». LA EXPERIENCIA APOSTÓLICA De 1918 a 1926 el Hno. Jaime Hilario desempeñó su actividad apostólica en varios centros lasalianos. El primero fue Mollerusa, donde estuvo cinco años. Al final del primer año, tanto los Hermanos como los alumnos podían afirmar al unísono: «El Hermano Jaime Hilario es un buen maestro y un santo». Para un principiante no era, desde luego, poca cosa. En 1923 pasó a Manresa, y enseñó latín... Pero su sordera se incrementaba y tuvo que desistir de dar clase; su ocupación fue la huerta. Estuvo después en Oliana, durante un año, y de allí pasó al internado Sainte-Germaine, de Pibrac, en Francia, en el departamento de Alta-Garona. LA CONSAGRACIÓN DEFINITIVA En sus notas personales hay una afirmación que no podemos pasar por alto: "El Señor no me mostró las dificultades que me sobrevendrían haciéndome Hermano, porque hubiera yo retrocedido; pero hoy no vendería mi sotana por todo el oro del mundo. Por todo el pueblo de Enviny no cambiaría mi género de vida". (Pibrac, 15-4-1928) Esto muestra claramente que el camino seguido por Manuel no era, ni mucho menos, fácil, y probablemente la sordera tuvo su importancia en estas dificultades. Con todo, no olvidemos que Juan Bautista De La Salle, al final de su vida, decía algo muy parecido: tampoco para él el camino había sido liso... El Hno. Jaime Hilario permaneció en Pibrac ocho años como catequista del Noviciado, es decir, uno de los ayudantes del Hermano Director. Poseía buena base espiritual y excelente preparación intelectual, además de sus convicciones personales y de la tenacidad en el trabajo. Para los novicios era modelo y estímulo. En 1932 fue encargado de trabajar en el reclutamiento de vocaciones, es decir, de encontrar muchachos que desearan seguir la vocación religiosa, y orientarlos hacia la vida del Hermano. En su nuevo empleo recorrió numerosos pueblos sembrando la semilla de la vocación, y obtuvo buenos resultados. Pero la sordera se estaba convirtiendo en dificultad cada vez may
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